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domingo, 27 de febrero de 2011

Balada triste de trompeta - Jokers a la española

Con Álex de la Iglesia mantengo una relación de amor y odio que es un verdadero drama. Empecé a fijarme en este director cuando quedé maravillado con las que pueden ser sus dos mejores películas: El día de la bestia y La comunidad. Cuando me piden recomendaciones de cine español, pienso en esas dos joyas que nos ha otorgado este, por otro lado, carismático director. Y digo esto último porque me encantan sus declaraciones y su forma de pensar, dicho de otra forma: casi voy a ver sus películas con la intención de que me gusten, realmente deseo que eso ocurra, que quede maravillado con ellas y pueda decirlo para recomendarlas. Por desgracia, esto no está ocurriendo estos últimos años. Crimen Ferpecto fue una comedia divertida, sin demasiadas pretensiones, que no maravilla pero por lo menos divierte y tiene cierta impronta personal de su autor que la hace un poco más especial. Pero a partir de ahí... para llorar. Tanto Plutón BRB Nero como Los Crímenes de Oxford fueron dos decepciones abismales, buenas ideas muy mal planteadas que aburrieron más que gustaron. Por eso, cuando vi los primeros avances de Balada Triste de Trompeta, lo primero que pensé es que podía suponer el resurgir de Álex de la Iglesia, el que tanto nos gustó y sorprendió en sus inicios. Todo conducía a que iba a traernos, por fin, otra joya en su filmografía.

Pero por desgracia no ha sido así. No al menos en mi caso. La idea era fantástica: una hermosa trapecista que emplea el color que tienen en común tanto la bandera republicana como la nacional españolas, se convierte en el objetivo de dos payasos que desean poseerla a toda costa. Uno es Javier, el payaso que representa la república, víctima del pasado, de la guerra civil que le arrebató su vida. El otro, sin embargo, representa el bando nacional, es hijo de la dictadura, más cruel y autoritario. Ambos luchan por la chica, que simboliza a España, y durante el camino tendrán el apoyo de unos y otros, sin importar los medios para conseguir lo que buscan, el corazón de una frágil doncella que se ve impotente en medio de todo. Como puede verse al final, solo había un desenlace posible.

Como puede verse, la idea es curiosa y muy atractiva, pero por desgracia por sí sola no funciona. Esto se debe a un guión endeble, caótico (en el peor de los sentidos), sin gracia y, lo peor de todo, sin nada que aportar al espectador. Es decir, no solo carece del ocurrente humor que ya pudimos ver en películas mucho mejores como las citadas El día de la bestia o La comunidad, sino que tampoco es capaz de emocionar al espectador, de implicarlo en la trama o hacerle partícipe de la misma. Es posible que Álex no buscara esto último y quisiera mandar un mensaje desde la más angustiosa de las bilis, pero por desgracia ni como burrada termina de divertir. Tiene momentos puntuales realmente ocurrentes, pero naufragan en un mar de sinsentidos que acaba siendo abrumador y agobiante. Ya no importa si hay mucha violencia o no (al cabo de media hora, son esperables todo tipo de atrocidades y ya no sorprende), tampoco si hay muchas escenas subidas de tono... no importa nada, de hecho, simplemente  se trata de un desfile de despropósitos que avanza por nuestros ojos sin orden ni concierto. Se reflejan momentos históricos porque sí, cierto dictador aparece para representar una escena supuestamente graciosa  y todos los personajes de la trama, absolutamente todos, actúan por inercia y como pollos sin cabeza, sin respetar ningún tipo de coherencia interna.

Por tanto, estamos ante una película realmente difícil, que no se sostiene por ningún sitio, con mucho poderío visual (en esto es irreprochable, una maravilla), una fotografía excelente y grandes ideas. Pero nada de todo ello sirve si el guión hace aguas por todas partes y no aprovecha absolutamente nada de lo que ofrece. Y esa es la peor sensación posible: está todo muy mal desarrollado, empleado y mostrado. Lo cual es una verdadera lástima, porque hasta los intérpretes están inspirados, con un Carlos Areces injustamente vilipendiado cuando resulta que aquí demuestra que es un actor solvente, casi diría que mejor que la propia Carolina Bang, que parece la representación del espectador con ese rostro de sorpresa perpetua con el que nos brinda a lo largo de todo este excesivo largometraje. Sin embargo, el mejor intérprete es Antonio de la Torre, quizá porque no se toma demasiado en serio a su personaje.

Lo dicho, otra decepción más de un director del que de verdad espero poder hablar bien, de nuevo, de sus obras algún día. Pero no se me presenta la ocasión y eso hace más amargas este tipo de críticas, y es una pena, porque esta propuesta es más auténtica y sincera que muchas películas que podemos ver en nuestras carteleras.

sábado, 19 de febrero de 2011

Enterrado (Buried)

Lo primero que llama la atención en este filme es su premisa: Todo transcurre dentro de un ataúd, absolutamente todo. Tal idea, arropada con un toque que bebe directamente de los recursos del célebre Alfred Hitchcock (desde los mismísimos créditos, que son prácticamente un homenaje al maestro del suspense, hasta los encuadres) se vuelve sugerente y atractiva si además cuenta con unas críticas asombrosamente positivas, de esas que hacen que uno piense que estamos ante una verdadera joya. Y es que, ¿qué hay más terrorífico que morir lentamente dentro de una caja de madera enterrada a cierta profundidad? Pocas cosas peores se nos ocurren, si no se muere por falta de oxígeno puede ser por inanición, y eso último sería el peor de todos los casos posibles. La muerte lenta no seduce a nadie, salvo si es en la distancia, por eso ver el trailer de Enterrado es caer rendido ante la propuesta, nuestras ganas de ver un buen relato de suspense, asfixiante y claustrofóbico, son realmente grandes, debido al escaso material de calidad que nos llega en nuestras carteleras, siempre infestadas de películas del género del terror y el suspense de la más baja estofa y con el mínimo de originalidad posible. Sin embargo, para poder narrar una historia dentro de un mismo lugar con un solo actor hay que poseer en una gran destreza para poder jugar adecuadamente con tan pocos recursos.

Muchos comparan Enterrado con 127 horas, ya que ambas se aprovechan de la calidad de sus actores protagonistas, los que hasta el momento solo habían realizado papeles secundarios y ahora por fin tienen la oportunidad de resarcirse con papeles protagonistas en los que lo han dado todo. Además, ambas narran una historia que sucede en un mismo lugar, sin enfocar otros y con una ausencia bastante notable de secundarios. Sin embargo, me atrevo a decir que la película que nos ocupa tiene en realidad mucho más parecido con Última Llamada de Joel Schumacher, ya que ambas poseen a un protagonista metido en una situación en la que no pueden salir y ambos cuentan con un teléfono o un móvil para contactar con el exterior. Es más, las dos historias tratan el terrorismo desde un enfoque más ambiguo y, por si fuera poco, también tienen en común una crítica contra la burocracia y la hipocresía del mundo occidental. Lo que sí es cierto es que Enterrado tiene más mérito por centrarse en un lugar aún más inaccesible y con muchos menos rincones con los que lucirse. No salirse en ningún momento de las seis paredes de un ataúd no es cosa fácil, y es ahí donde reside el principal encanto de la película.

La dirección es impecable, aprovecha todo lo que tiene a su alcance y más. No hay tiempo para el aburrimiento gracias a una serie de enfoques bastante sugerentes y acertados, que además aprovechan la expresividad y sobriedad de un muy inspirado Ryan Reynolds que no es que se meta en el papel, es que realmente lo vive. Sin duda la forma que emplearon para rodar esta película es lo que más la ha beneficiado, ya que el actor realmente estuvo metido en un lugar tan reducido, Lo difícil era no caer en el más ridículo de los histrionismos o resultar creíble. Reynolds aprueba con nota, demostrando que es mejor actor de lo que parece.

Pese a todas estas virtudes, no es la joya que me han intentado vender. Cierto es que las críticas, cuando son demasiado positivas, pueden llegar a ser una lacra para la percepción más objetiva de quien las ha leído. Pero en mi caso, creo sinceramente, que pese a la premisa, la dirección y al buen hacer del actor principal, el guión es bastante pobre y echa un poco por tierra (y nunca mejor dicho) la genialidad del largometraje. Y es que no es creíble, todo lo que Ryan lo es, no lo es el argumento ni los diálogos. Justamente donde acertaba Última Llamada, fracasa esta película. Incluso haciendo comparaciones con 127 horas, Boyle lo que hizo fue aprovechar los sueños y todo misticismo abstracto para no aburrir, Cortés (director de este filme) lo que hace es utilizar las llamadas para hacer más interesante el relato. Pero por desgracia, no hay mucho que contar y la trama se vuelve realmente forzada y olvidable. El protagonista no posee nada destacable, ni en cuanto a historia ni en carácter. El giro supuestamente sorprendente llega tarde y resulta torpe, tanto como la crítica que se pretende realizar, de la que hacen tanto hincapié en todos los aspectos que acaba siendo insultante. Además, el sentimiento de claustrofobia se va perdiendo paulatinamente. Al principio nos agobia la perspectiva y la ambientación, pero después las llamadas nos hacen despistarnos de la situación y se olvidan de todos los detalles, el protagonista tiene tantos elementos a su disposición que al final nos acabamos relajando hasta el mismísimo final.

Un final que, dicho sea de paso, es la contraposición total de 127 horas, ya que mientras una es una oda a la vida y a la supervivencia, la otra parece una rendición a una de las peores situaciones posibles. Todo esto no sería tan grave si al menos el filme resultara convincente o memorable. Por desgracia, al menos para mí, no es el caso.

domingo, 6 de febrero de 2011

El Gran Vázquez - Bruguera en la gran pantalla

Como ya dije en la crítica de El invierno del dibujante, resulta curioso que por fin unos autores hayan dedicado un vistazo a los tiempos de Bruguera como ama y señora del cotarro del cómic en España durante gran parte del franquismo, con su sistema regio de publicación, sus condiciones austeras y su explotación tanto de dibujantes como de personajes. El caso es que por fin se trata este aspecto de aquella época, y ha sido todo en un mismo año con dos célebres obras de diferentes medios, una es el cómic, con la obra de Paco Roca anteriormente mencionada y la otra es el cine con esta película protagonizada por Santiago Segura que probablemente haya llegado a mucha más gente. No es casualidad que por fin se trate el tema y que sea al unísono, estos últimos años hemos podido ver la culminación de un paso progresivo del cómic a una normalización cada vez más evidente, gracias a adaptaciones fílmicas y el empuje de los medios tratando temas como la muerte de Steve Rogers o Civil War hará unos cuantos años.

El caso es que este filme de Óscar Aibar está a medio camino de la comedia arquetípica de la España de los años 60, con el tono clásico del típico anti-héroe protagonizando aventuras y desventuras, y de la tragicomedia con tintes de crítica social. El problema es que no termina de asentarse en ningún tono concreto, ya que comienza realmente como una comedia clásica, con el Santiago Segura más comedido que he visto en mucho tiempo, sin emplear todos sus tics y clichés, actuando según lo que le pide el papel, aunque éste le venga como anillo al dedo. Y es que Vázquez se ha convertido en toda una leyenda gracias a las mil anécdotas que protagonizó dentro de la editorial y en su propia vida privada. De todos es conocida su fama de mujeriego, bebedor empedernido, putero, adúltero y, sobre todo, deudor, que es su faceta más popular. Vamos, un Torrente a la antigua, pero más elegante y encantador, al menos a la hora de intentar timar al inocente de turno, mucho más sutil y zalamero.

Con un personaje protagonista como este, no es difícil divertirse con un filme repleto de gags de todo tipo, muy bien ambientado y con muchas ocurrencias, siendo su principal aliciente el encanto de las oficinas de Bruguera y la presencia de sus personajes de historietas, que incluso se presentan animados en ocasiones para arrancarnos una sonrisa. Destacan sobre todo Ibáñez, el redactor González, Rosa (esposa de Vázquez) y Peláez, junto al tipo que da nombre al título son los que llevan el peso del filme. Esta simplicidad es una virtud y a la vez una lacra para un biopic que podría haber sido más complejo, con un tema que daba para mucho más, especialmente tras haber leído el citado trabajo de Paco Roca. Las condiciones de la editorial, su censura, su forma de pago... todo se trata muy superficialmente. Los compañeros de trabajo del dibujante se mencionan de pasada o alguno tiene una aparición casi de "personaje invitado", no hay muchas anécdotas sobre ellos. Sólo Ibáñez destaca y por razones evidentes, es el más conocido de todos los dibujantes de aquella época en la actualidad y además es el contrapunto perfecto del protagonista, ya que en la editorial acaba siendo todo lo contrario a él.

En definitiva, la película queda finalmente como un esbozo, agradable, ligero y divertido de la vida de Vázquez, pero no deja de ser quizá demasiado caricaturista y, hasta cierto punto, algo infantil. Lo que resulta curioso, ya que un medio considerado más adulto como es el cine ha acabado mostrando este tema de una forma más liviana y complaciente que el cómic, bastante más crudo y documentado. Al final el talento de cada artista es quien da rigor a su trabajo, y no el medio en el que se presente. Este es un claro ejemplo de ello.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Celda 211 - El síndrome de Estocolmo

Últimamente parece que estoy acertando (también gracias a recomendaciones) a la hora de ver películas españolas, porque de un tiempo a esta parte me están gustando más de lo que podría imaginar, y pensar que hace tiempo no soportaba ni que me las mencionaran. Las dos partes de REC, Agora, Spanish Movie, Pagafantas, Fuera de Carta, el Orfanato, Camino, los Cronocrímenes... Todas, en mayor o menor medida, cumplen con su propuesta y forman un grupo muy agradable de filmes provenientes de este país del que estar bastante orgulloso. Cierto es que hay pocos sobresalientes o notables altos, pero casi podría decirse que, de vez en cuando, nos llevamos alguna sorpresa como la aquí expuesta.

Y es que la Celda 211 es un filme que navega entre el thriller y el drama carcelario, muy bien desarrollado e interpretado. Gran énfasis en lo segundo, ya que no sólo tiene un ritmo bastante ágil que mantiene el interés en todo momento, sino que los actores se preocupan por mantener al espectador bien interesado por todo lo que ocurre, ya que resultan creíbles en cada una de las situaciones por las que pasan. No sólo eso, sino que también es importante la manera en que se relacionan entre ellos, las personalidades, los intereses... todo varía a lo largo de una trama a contrarreloj en donde la supervivencia se convierte en la máxima prioridad. Y es que Juan, el protagonista que se ve metido de lleno en medio de un motín carcelario bastante peliagudo, no finaliza el filme como lo empieza, por lo que me gustaría destacar no sólo la muy admirada interpretación de Luis Tosar como Malamadre (que se merece esos elogios y más) sino también la de Alberto Ammann como el mencionado Juan, que tiene uno de los papeles más difíciles y, aunque al principio parece que no va a destacar, acaba realizando una interpretación muy destacable.

Por otro lado, el interés radica en el conocido síndrome de Estocolmo, en cómo uno puede llegar a identificarse con gente tan violenta y peligrosa si sufre una experiencia que no permite la vuelta atrás. Es cierto que a veces la trama puede ser un poco maniquea (el personaje de Resines es probablemente el peor en este aspecto, malo hasta la médula), pero lo cierto es que mantiene una ambigüedad bastante aceptable que se ve presidida sobre todo por un Malamadre con el que puedes llegar a identificarte, de la misma forma que lo hace Juan. 

En resumen, no es la octava maravilla, pero por su puesta en escena, su propuesta, la efectividad de sus intérpretes y el guión, bien merece un visionado o dos. Ojalá el cine español fuera siempre así de convincente.

martes, 20 de enero de 2009

Los Cronocrímenes

Ya era hora de que decidiera ver esta película, que tengo conocimiento de ella desde que pusieron el primer trailer en alguna despistada web de cine. En todo caso, ya me atraía la atención desde el momento en que vi de qué iba, con sus viajes temporales y su suspense por el crimen acontecido. Mucho ha caído desde que se estrenó tarde en España y en muy pocos cines en poco tiempo, pues yo ni siquiera tuve oportunidad de ver su cartel en la cartelera. El trato que ha dado los medios a esta película es ínfimo, y más si se compara a lo que pudimos ver cuando salieron otros filmes españoles como REC o El Orfanato. El caso es que Nacho Vigalondo lo ha tenido muy difícil, y muchos ya exclamaban ofendidos su injusta ausencia en los Goya. Ahora que por fin la he visto, puedo opinar.

Del argumento de Los Cronocrímenes hay que hablar bien poco, puesto que es la principal virtud de esta película. Comienza con la vida de Héctor y su mujer, ambos se han trasladado a una casa en las afueras de la ciudad, en medio de un bosque (como no podía ser de otra manera). Un día Héctor recibe una extraña llamada en la que no recibe respuesta y, más tarde, presencia lo que parece un crimen y se enfrenta al propio asesino. Descubrir quién es será toda una sorpresa.

Parece sencillo, pero la verdad es que la película no engaña en ningún momento y tampoco alarga en exceso los misterios iniciales. Otro punto a favor es el buen ritmo que sostiene en todo momento, no se hace lenta ni pesada, ni siquiera aunque repita ciertas escenas. De hecho, resulta sorprendente ver algún que otro elemento de ciencia ficción en algún momento, sobre todo tratándose de una película española seria y con cierta crudeza. La trama, que se complica a medida que avanzan los minutos, es siempre interesante y está muy bien pensada, sin fisuras y con mucho mimo en todos los detalles, lo cual es de agradecer. Además, hay sorpresas finales que mejoran el guión notablemente.

¿Tiene algún fallo entonces? Sí, la verdad es que sí.

Y es que mucho dicen de que debería haber optado a los Goya, pero al final creo que sólo destaca en cuanto al loable y magnífico guión. Porque en verdad a la dirección le falta algo de garra, es notable, es correcta, pero sin ambición, sin inventiva, casi sin emoción. Pero lo peor es, sin duda, el papel protagonista del propio Nacho Vigalondo, que no sé cómo decidió tomar la responsabilidad de llevar el peso de prácticamente todo el filme. No es que sea un actor horrible, pero no pasa de ser correcto en algunos tramos y muy soso e impersonal en otros. A esta película le faltaba un actor de categoría, de los que dan personalidad y de los que emocionan. Todos hacen su papel sin pena ni gloria, y creo que eso hace que el excelente guión (no me cansaré de decirlo, es fantástico) no esté potenciado como debería.

En pocas palabras, es un film de ciencia ficción y suspense español muy agradecido, de los que deberían abundar en las carteleras, pero que podría haber sido aún mejor si el reparto fuera más competente.

Saludos.

sábado, 3 de enero de 2009

Los 10 mejores estrenos del 2008

Por fin actualizo tras varios días sin dibujar nada nuevo.

Esta es mi primera actualización del 2009, así que voy al grano con esta lista de lo mejor que nos ha dado el cine del 2008, según mis gustos y lo que he podido ver, claro:

10- Fuera de Carta: Divertida comedia española que gustará a todos aquellos seguidores de series como Aida o Aquí no hay quien viva. La mayoría de los actores vienen de la televisión y su buen hacer haciendo reír es más que notable. A esto sumémosle una trama divertida y unos personajes bien desarrollados. Para tanta comedia americana y resulta que me lo he pasado mejor con esto que con cosas como Tropic Thunder.

9- Speed Racer: Infravalorada e injustamente vapuleada adaptación de los Wachowski. Tras la muy pobre V de Vendetta (sobre todo por el final) pensaba que este iba a ser un clavo para el ataúd de estos polémicos directores. Sin embargo, la película es divertimiento del bueno, con sentimiento y mucha fidelidad con el anime en que se basa. ¿Problemas? Demasiado infantil para muchos. Por lo demás, no le veo ningún defecto serio más allá de la simplicidad, buscada, del argumento.

8- Quantum of Solace: La segunda parte de Casino Royale no ha superado las expectativas de muchos, pero eso no quita que estemos ante una película de Bond de las buenas, que respeta el espíritu del lavado de cara que ha sufrido el personaje con la llegada de Daniel Craig y una trama de venganza y de conspiraciones políticas bastante interesante.

7- Venganza: Parece la típica película de acción con protagonista buscando lo que dice el propio título. Irónicamente, es una historia desesperada de un padre en busca de su hija secuestrada en contrarreloj, ya que si no la salva en un tiempo límite, la perderá para siempre. Realista, cruda y con un Liam Neeson pletórico, es una de las sorpresas más agradables del año.

6- Iron Man: Robert Downey Jr. es Tony Stark. Y como tal lleva la película como quiere y con una agilidad brutal. Una adaptación del personaje de Marvel bastante sencilla pero muy elegante, con todos los elementos en la mesa y bien dispuestos. Sin florituras y sin tonterías, el origen del personaje muy bien tratado, con respeto y con mucho oficio. Una de las mejores adaptaciones de Marvel.

5- La Niebla de Stephen King: Pensaba que no sería gran cosa, pues muchas decepciones me he llevado viendo películas de terror en estos últimos años. Sin embargo, Darabont demuestra ser un director de los que hay que seguir con fidelidad, pues nos deja una película sobre la imbecilidad humana, la impotencia y, sobre todo, una oda a la esperanza. Siempre hay que tener esperanza.

4- Wall-E: Que Pixar es una apuesta segura a la hora de ir al cine ya no pilla por sorpresa a nadie. Tras la maravilla que es Ratatouille, uno se pensaba que la nueva película de esta compañía no iba a estar a la altura, pero prácticamente se pone al nivel con una primera hora espectacular y digna de ser considerada una obra maestra de la animación. Tierna y muy esperanzadora, eso es Wall-E.

3- Camino: O cómo el uso de la religión por parte de algunos colectivos puede ser desesperante o terrorífico. La historia de Camino, una niña con un cáncer terminal que debe vivir con la imposición religiosa hasta el último segundo está narrada con maestría por un Fesser irreconocible que demuestra tener más talento que muchos directoruchos españoles de tres al cuarto.

2- Sweeney Todd: Vale que soy fan de Burton, pero es que el tío sabe muy bien qué adaptar, y si el musical ya me gustaba en su versión de Broadway con Lansbury y George Hearn... esta versión cinematográfica ya ni te cuento. Una adaptación con mucha personalidad y momentos de infarto que engrandecen la que ya es una gran obra teatral.

1- El Caballero Oscuro: La película del año por méritos propios, ya sea por la recaudación que ha cosechado como por las críticas. A veces, ambas cosas dan igual a la hora de visionar la película, pero es que realmente estamos ante una de las mejores adaptaciones que se han hecho jamás de un personaje de cómic. No sobra ni un minuto y la trama no puede ser mejor, con el Joker más auténtico que jamás haya existido.

Eso es todo, un año bastante friki si tenemos en cuenta la cantidad de películas basadas en personajes de dibujos. Fuera de la lista se han quedado cosas que me gustan como Juno, No es país para viejos (sobrevalorada), Tropic Thunder, Hellboy 2 y el Increíble Hulk. Creo que no ha sido tan mal año como dicen algunos.

Mañana, la encuesta cerrada, una nueva y comento algo de la nochevieja.

Saludos.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Camino o... Déjadme vivir... dejadme morir

Pues eso, toca hablar de Camino así que... Ahí va un tochazo, y sin spoilers de la película, así que calma. :p

Para hablar de la película, primero deberíamos separar realidad de ficción. Es decir, está basada en hechos reales, pero por varios documentos que he podido leer por internet, de la propia familia y de alguna gente del Opus, parece ser que Fesser, director y escritor de esta película, ha exagerado algunas cosas. No sé hasta qué punto, pero no creo que tanto, a juzgar por algunas cosas que sé de primera mano del Opus. De todas maneras, preferiría hablar de esta película como obra de ficción INSPIRADA (que es lo primero que se lee nada más empezar el film, por lo que le excusa) en hechos reales.

Podría decirse que es una película que va sobre la vida y sobre cómo las imposiciones pueden llegar a ser verdaderamente crueles. Camino es una niña alegre, con mucha vitalidad y ganas de comerse el mundo, todo un encanto que nos fascina desde el primer momento en que aparece en pantalla, cosa que hace aún más sentida su enfermedad, sobre todo cuando vemos el transcurso de la misma. Todo se debe gracias al buen hacer y la gran actuación de Nerea Camacho (a esta niña hay que seguirla de cerca, tiene futuro), pero aparte hay un ambiente y una manera de contar las cosas hechizante, que impide que quieras quitar los ojos de la pantalla. Ignoro si es el apabullante realismo cotidiano o el desarrollo de la historia. El caso es que en todo momento hay interés por seguir la vida de Camino y sufres cuando ella lo hace, te alegras cuando ella sonríe y te asustas cuando ella tiene pesadillas. En otras palabras, la película logra una gran implicación emocional con la protagonista.

Quizá por eso la crítica contra el fanatismo religioso más cruento cobra gran fuerza. Y es que la impotencia aflora en cualquier momento de la película donde la madre de Camino hace caso a los curas o los obispos con los que habla, forzando a la chiquilla a sentir y pensar cosas que en ese momento no quiere siquiera ni imaginar. De hecho, lo más impactante es que acaba siendo algo terrorífico, algo impensable para cualquier creyente o cualquier ateo que no sigue los pasos de la Iglesia a rajatabla. La angustia se abre paso a medida que avanza la película y cada vez es más fuerte ese sentimiento de "por favor, déjame vivir y déjame morir en paz".

Paradójicamente, la historia, a pesar de ser un drama, no llega a ser tan asfixiante gracias a algunos relatos paralelos donde podemos ver a los niños ser niños y a Camino con sus fantasías, sustentadas por un personaje de cuento infantil con el que habla en sueños. Momentos líricos y tan bien representados que llegan a ser cautivadores.

No quiero acabar la crítica sin mencionar muy especialmente al personaje del padre de Camino, interpretado por un fantástico Mariano Venancio (el Superintendente Vicente de las películas de Mortadelo, totalmente irreconocible) que llena la pantalla cada vez que hace acto de presencia. Su personaje será de los más fascinantes y cautivadores: el hombre de familia que hará todo lo posible para que su hija lleve su enfermedad de una forma más llevadera, todo mientras debe contemplar en silencio cómo el Opus utiliza la enfermedad para su provecho. Y en verdad, el tipo de personaje perfecto para que Fesser juegue con nosotros y queramos meternos en su piel, puesto que en todo momento querremos que él lleve las riendas del asunto.

En definitiva, una película que deja muy mal cuerpo en el buen sentido. Cautivadora y que no puede dejar indiferente a nadie. Sería muy injusto que no se llevara nada en la gala de los Goya, del mismo modo que me sorprende la poca repercusión mediática que está teniendo.

¡Saludos!