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domingo, 3 de julio de 2011

El Cristal Oscuro - Esa pequeña obra de arte

Lo cierto es que sería adecuado mencionar que soy fan de Jim Henson desde que tengo uso de razón. De hecho, una de las primeras películas de imagen real que recuerdo ver es precisamente Dentro del laberinto, y en ella ya pude disfrutar de sus tan imaginativas y sorprendentes marionetas. Habiendo visto el Show de los Teleñecos, algunas de sus películas, los famosos Fraggle Rock y el omnipresente Barrio Sésamo, la verdad es que El Cristal Oscuro era mi asignatura pendiente en tal excelsa filmografía. Por ello, esta crítica no está realizada por un fan nostálgico que recuerde el filme con cariño, puesto que el primer visionado lo tuve recientemente, pero la verdad es que no me resulta difícil emocionarme con el ingenio y la "magia" de las obras artesanales de Henson, y menos cuando sumamos a Frank Oz a la lista, muy importante en mi infancia gracias a películas como La Tienda de los Horrores o Los Teleñecos conquistan Manhattan. No cabe duda de que mi predisposición a la hora de enfrentarme a este filme era inmejorable.

Lo curioso es que, sin embargo, al principio estaba algo decepcionado por lo que me encontré en los primeros minutos. Un ritmo algo lento, una trama muy manida, mucho maniqueo en los malos (rematadamente malos) y los buenos (ingenuamente benévolos) y unas animaciones faciales de las marionetas que dejaban mucho que desear. De hecho, en algunas ocasiones son demasiado rígidas y nunca da la impresión de que sean ágiles, por ello algunas escenas de acción se resienten un poco. Además, nunca he soportado demasiado las historias sobre la luz y la oscuridad o sobre la dualidad del bien sobre el mal, y el redundante tema de "el elegido que equilibrará el orden del mundo" siempre me ha resultado extremadamente aburrido. Y que nadie se engañe, el Cristal Oscuro va precisamente de eso, de dos razas absolutamente contrapuestas: los Místicos y los Skeksis, que fueron una sola hasta que el Cristal se fragmentó. Como cabe esperar, los primeros son maravillosamente pacíficos y los segundos la peor escoria imaginable. Tanto, que incluso presentan la primera diferencia en este tipo de largometrajes de fantasía supuestamente infantiles: son tan repulsivos y cometen actos tan siniestros que son capaces de estremecer hasta a un adulto.

Es precisamente en eso último donde vemos la maestría de Henson y Oz. Ambos sabían que no estaban contando algo nuevo, sino que estaban mostrando una clásica historia bajo un prisma distinto, siendo esa la verdadera "magia" del filme. Y es que nunca se ha visto un mundo tan sugerente y tan "vivo" como este, con tantísimos elementos en movimiento, una fauna tan dispersa, unas localizaciones tan variadas y una imaginación tan desbordante. Cierto es que deberíamos estar más que acostumbrados, habiendo visto películas como la célebre trilogía del Señor de los Anillos o Avatar, pero lo que consiguen aquí es mostrar un trabajo artesanal tan rico en imaginación y belleza que deslumbra y consigue algo único: una fantasía de auténtico cuento. Ese último adjetivo es el que mejor define el largometraje, ya que todo sabe a auténtico, a único pese a la falta de originalidad de su premisa. Es la historia de siempre, pero sabe diferente, y por ello emociona y embelesa, permaneciendo en el recuerdo, como si hubieses imaginado un relato primario contado por un marionetista talentoso y genial.

Y solo por ello merece la pena verla, retrotrae a la infancia y consigue lo imposible: que una premisa que odias se vuelva interesante. Una maravillosa película de culto, irrepetible por mucho que el CGI actual pueda mover mejor a los personajes. El encanto no será nunca el mismo.