miércoles, 4 de enero de 2012

Deadwood - Temporada Uno

Antes de entrar en materia, comencemos con lo principal: nunca me han gustado las historias ambientadas en el western clásico americano. Esto puede deberse a la saturación que sufrí en mi infancia cuando en la televisión de mis tíos y abuelos no se veía otra cosa, me resultaba todo tan repetitivo que no le veía ni aliciente ni atractivo. Esa impresión no cambiaría hasta la llegada de Sin Perdón, un western crepuscular de Clint Eastwood (como director y actor principal) que pese a su condición referencial supo calarme hondo con una propuesta en donde la fina línea entre el bien y el mal apenas se divisa entre unos personajes tan tridimensionales como entrañables dentro de sus crudas características. En otras palabras, se salía de lo establecido y supo sorprenderme, por eso me quitó la venda de los ojos y eliminó varios de mis injustificados prejuicios. Poco después, descubriría que en el género tenía mucho por descubrir, y que algunos de sus temas más comunes son compartidos por los mismísimos superhéroes, sobre todo por aquello del héroe altruista que no duda en arriesgar su vida con tal de impartir su propia justicia. Vería así la figura del anti-héroe en el genial Hombre sin Nombre del ya mencionado Eastwood en la famosa trilogía del dolar de Sergio Leone. Pero antes de seguir divagando, he de explicar que el párrafo sirve para explicar por qué decidí darle una oportunidad a Deadwood, que fue básicamente porque me sentí por fin preparado para ver una serie de esta temática, ya que no es lo mismo dar una oportunidad a una película de dos horas que a una serie que puede durar más de 200 si posee más de una temporada. Así pues, veamos por qué es tan especial esta apuesta ya finiquitada de la HBO

Después de haber visto la primera temporada, la primera conclusión que saco es que me habría gustado igual sin toda la preparación previa anteriormente mencionada. ¿Por qué? Porque sencillamente, y como era de esperar para cualquier neófito de la cadena, Deadwood no tiene ni un solo tópico del género, no repite nada que ya hayamos visto antes y más que narrar una historia clásica de cowboys lo que hace es precisamente mostrar lo que mejor saben mostrar los responsables de algunas de las mejores obras televisivas de la última década: ofrecer una historia de conspiraciones que recuerda más a la mafia que a cualquier otra cosa ambientada entre Saloons y oficinas del Sheriff, con personajes que nunca sabes por dónde te pueden salir y ofreciendo también retazos de historias reales. Es más, lo que hace realmente especial a esta serie por encima de todo es el tratamiento atípico que realiza en personajes históricos conocidos, algo similar a lo que ya vimos con Julio César en Roma o como están haciendo con Nucky Thompson en Boardwalk Empire. Por eso, resulta fascinante seguir a gente como Calamity Jane, Seth Bullock o el legendario Wild Bill Hickock (interpretado soberbiamente por Keith Carradine) entre muchos otros. Y entre todos ellos narran el nacimiento y la evolución que sufrió el lugar conocido como Deadwood, mostrando así un acercamiento bastante verosímil del verdadero rostro de la América del siglo XIX. O dicho de otra forma, el derrumbamiento de cualquier visión romántica sobre el supuesto progreso de uno de los países más poderosos del mundo moderno. 

La primera temporada sirve de introducción a ese lugar maldito que no ofrece nunca una cálida bienvenida a nadie. Se trata de un campamento que ni siquiera pertenece a la jurisdicción de la época, en el que malviven aquellos que no son capaces de mantener sus posesiones por sí solos, donde es fácil perder la vida entre las calles de barro y donde tu propio cadáver puede acabar siendo pasto para los cerdos si no sabes cuidar tus espaldas. Es, en definitiva, un lugar sin ley, repleto de gente corrupta e indudablemente peligrosa. Entre todos ellos destaca Al Swearengen, interpretado por Ian McShane con una convicción de hierro, quien no duda en ejecutar a todo aquel que no sirva para sus propósitos, siempre que no le perjudique dicha acción. Es un metódico empresario que se acerca más a Tony Soprano que a cualquier otro personaje del género que se te ocurra, por eso resulta tan interesante verlo moverse en un terreno tan adecuado para su forma de ser. Lo mejor es que no tarda en encontrar la horma a su zapato en el grupo que simpatiza con Hickock, quienes entablan lazos de amistad que a su vez se convierten en motivo de enemistad para este conspirador incansable. Los actores, por lo tanto, realizan un trabajo titánico en una trama repleta de drama, crudeza y desesperación. En ocasiones, entre asesinatos y casos aislados como el del sarampión (hoy en día una nimiedad, en aquel entonces una plaga peligrosa), es fácil encontrar el derrumbe emocional de alguno de los personajes, siendo el doctor Cochran quien más destaca, pues es quien más contacto tiene con la muerte que rodea el lugar. Aunque alguna vez, algún sorpresivo rayo de luz y esperanza, consigue romper la rutina mostrando un contraste soberbio que consigue hacer mella en el propio espectador. 

¿Qué es Deadwood entonces? Otra gran serie más de la cadena, que nos malcría con este tipo de exquisiteces. Con una notable factura técnica, geniales decorados, mejores actores y un sólido desarrollo acompañado de una intachable dirección, sin duda esta primera temporada ya supone un clásico televisivo que no se puede evitar recomendar.

2 comentarios:

Yota dijo...

En su día la vi y me gustó mucho, pero deje sin ver la segunda y la tercera temporada porque me enteré que no había sido cerrada la trama y que se planearon los dos telefilmes que nunca se rodaron.

Igual algún día me pongo, pero de momento.... hay demasiadas series pendientes.

iRe - Salud dijo...

A mi también me ha parecido una gran serie, al menos por lo que he podido ver ^^