miércoles, 25 de mayo de 2011

Canción de Hielo y Fuego #3: Tormenta de Espadas

Lo más impresionante de la saga de George R. R. Martin: Canción de Hielo y Fuego, es la forma en que su escritor es capaz de dotar de vida todo un mundo completamente nuevo con sus propias reglas, su propia historia y sus costumbres. Es una acumulación realmente fascinante de emblemas, familias, tribus, razas y personajes, cada uno distinto al anterior. Dentro de cada uno de estos libros hay más de una historia, y todas ellas tienen algo que ver entre sí, ayudan a confeccionar todo un puzzle en el cual toda pieza es importante, sobre todo si tenemos en cuenta que jamás nada es lo que parece.

Al igual que el mundo real, "la Historia la escriben los vencedores". Los bardos de Canción de Hielo y Fuego cuentan sus historias con canciones a favor de aquel que se encuentra en la posición más ventajosa, para adularlos y agradarles por intereses propios, siendo al final el pueblo quien narra sus propias historias. Por ello, el lector se ve incapaz de emitir juicios de valor sobre un personaje u otro, ya que cada uno de ellos se encuentra en diferentes situaciones de difícil salida. Ni tampoco es fácil decantarse por una Casa u otra. En Poniente hay una guerra que amenaza con cambiar para siempre el status quo de los Siete Reinos, existen varios reyes que luchan por el control de la zona, buscando la derrota del adversario. Para ello vale todo: la traición, la conspiración e incluso el deshonor. Lo más interesante es que la sangre no corre solo en las grandes batallas, puede derramarse en grandes cantidades en los lugares y momentos más inesperados, y la lección es siempre la misma: no creas en las canciones. No seas Sansa. Da igual lo que diga la historia, siempre ganará el más osado y manipulador, nunca aquel que busque seguir las reglas y el honor. Ya lo dijeron: "en el juego de tronos solo se puede ganar o morir". Esa es la gran verdad de este crudo mundo, tan auténtico como el nuestro, pese a sus dragones y demás seres fantásticos.

Por tanto, ¿qué tenemos en esta tercera entrega? Lo que parece el epicentro de una gran guerra que va más allá de Poniente en la cual cualquier personaje puede morir, sin que esta sea la peor de sus suertes. De hecho, lo mejor que hace esta entrega es demostrarnos cómo la muerte puede ser el menor de todos nuestros problemas, definitivamente hay cosas mucho peores en esta vida, destinos bastante más terribles e infiernos que pueden llevarnos a la locura y a la mayor de las desesperaciones, cambiándonos para siempre. Lo vemos todo, como es costumbre en esta saga, a través de los ojos de varios personajes. Algunos secundarios tienen ahora capítulos propios y dan puntos de vista diferentes a los mostrados hasta el momento. Pero lo mejor es que, cada uno de ellos tiene su propia importancia y un interés mayúsculo, todo lo contrario que encontramos en la segunda entrega, Choque de Reyes, donde el lector podía llegar a desear saltarse un capítulo para ver qué ha sido del otro personaje que dejamos anteriormente. Esto no ocurre aquí, porque todos, a su manera, enganchan. Tanto que es fácil sufrir por cada uno de los partícipes de esta gran historia. Pero lo más sobresaliente, lo que resulta inigualable, es la forma en que empiezan a vislumbrarse hilos, marionetas y titiriteros. Algunos imprevisibles, sobre todo por la cantidad de "despistes" que nos han dejado en anteriores entrega.

No se me acaban los elogios con este gran libro, el más extenso pero el que he acabado antes que ninguno, pareciéndome el mejor de todos los mostrados en esta saga hasta el momento. Va a ser realmente difícil de superar.

2 comentarios:

Yota dijo...

Sin duda es el libro con el que más he disfrutado en lo que va de siglo, vaya ritmo! que de personajes! y como te consigue influenciar el autor para querer u odiar al que le de la gana.

La boda roja... sin palabras.

Ovidio dijo...

La boda roja... inquietante es decir poco. Lo impresionante es que lo que le sigue tampoco se queda atrás, aunque no tenga el mismo nivel de "whatthefuck", ya me entiendes.