domingo, 26 de febrero de 2012

Daredevil Renacimiento

Desde la marcha de Bendis, esta colección no ha vuelto a ser la misma. Aunque seamos justos, pese al muy criticable tratamiento que Brubaker hizo de Matt Murdock, su etapa tiene buenas ideas y, en general, está bastante bien escrita en general, con el tono adecuado, pese al considerable bajón respecto a la anterior. Por eso, cuando nos enteramos de alguien como Andy Diggle (Los Perdedores) iba a hacerse cargo del vigilante de la Cocina del Infierno, muchos aplaudimos hasta con las orejas, expectantes y confiados, ansiosos de ver al fin el soplo de aire fresco que la serie necesitaba. Por desgracia, la entrada de este guionista podría considerarse una de las mayores decepciones de la última década. No es que lo haya hecho terriblemente mal, ni mucho menos, pero desde luego la calidad ha ido en detrimento. Lo curioso es que, visto lo visto, no se le puede echar del todo la culpa al escritor de estos escasos y poco trascendentales números (que tiene delito decir esto cuando en ellos hemos visto a Matt poseído por el clan ninja de la Mano), ya que podría decirse que no ha podido hacer nada realmente de su cosecha durante toda la etapa, tan solo ha tratado de cerrar lo mejor posible ideas que había dejado el escritor anterior y ha seguido las indicaciones de los editores en los eventos que le ha tocado lidiar. Dicho de otra forma, se ha comido un marrón bastante gordo con el personaje. 

Shadowland y su preludio han sido cómics más bien pobres, de escasa repercusión y bastante olvidables, especialmente el evento de marras, tan mal organizado como pésimamente aprovechado. Ahí Diggle no tenía mucho margen para realizar algo destacable, en la editorial no iban a permitir que el personaje cometiera algún acto irreparable y se notaba en exceso que iban a dar la marcha atrás más temprano que tarde, por lo que el resultado es lógico, aunque no el deseable. Por desgracia, a Diggle todavía le quedaba un clavo por clavar en el ataúd, y ese es Daredevil Reborn, otro proyecto que apesta a encargo editorial. Otra muestra más de que el guionista no ha tenido ni una triste oportunidad de hacer algo propio con el superhéroe que, sin embargo, aquí demuestra conocer muy bien. 

Me atrevería a decir que demasiado bien, ya que en esta pequeña saga de cuatro números se ocupa de hacer un pastiche de unos cuantos temas que ya hemos "vivido" con el cuernecitos una y otra vez. Clemente menciona a Born Again en el artículo de este tomo, pero lo cierto es que hay más reminiscencias de otra obra de Frank Miller: El hombre sin miedo, miniserie de la que bebe descaradamente. Al fin y al cabo, la redención del abogado ciego se asemeja muchísimo a su bautismo de fuego como justiciero. Todo está ahí: la víctima infantil, los villanos sin escrúpulos (en este caso, uno con ciertas habilidades especiales demasiado parecidas a las de Mr. Miedo), la autoridad corrupta, nuestro héroe sin el uniforme de siempre y con los ojos cubiertos como única seña de identidad... Por no decir que volvemos a ver de nuevo a Matt Murdock buscando su camino fuera de Nueva York, en un lugar hostil que desconoce, al más puro estilo Nocenti. Nada original, nada demasiado interesante o sugerente. Eso sí, escrito con solvencia y aceptable sobre todo si no conoces más historias del protagonista. No es una mala opción para aquel que pretenda iniciarse a él, no es un mal punto de partida. Lo malo es que, para quien lleva tiempo leyéndolo, encontrará que es una lectura ligera pero insustancial, de las que se olvidan a los dos días. Por tanto, lo más interesante acaba siendo el dibujo de Davide Gianfelice, que es de trazo grueso pero dinámico, las figuras que traza son bastante expresivas y poseen cierta naturalidad que se echa de menos en los dibujantes más "hot". 

Pese a todo lo dicho, este acabó siendo irónicamente el mejor trabajo de Diggle con Daredevil en su corta y atropellada etapa. Lo cual no quiere decir que sea especialmente bueno, pero por lo menos se deja leer, aunque solo sea otra prueba más de que no tuvo ni la menor oportunidad de decir lo que quiso con el personaje. Una lástima.