miércoles, 3 de noviembre de 2010

100% Marvel: Daredevil #1: La mano del diablo

Desde que el personaje entró en el sello Marvel Knights no ha hecho más que saltar de una etapa a otra con una calidad media inaudita, como ninguna serie la ha tenido durante tantos años seguidos. Primero fueron Kevin Smith y David Mack en dos sagas que sólo tendrían en común el excelente dibujo de Joe Quesada (antes de empeorar tan drásticamente), luego llegó Bob Gale con la que quizá sea la historia menos trascendente, luego Bendis con una etapa de la que todos hemos hablado ya, más tarde Brubaker cogería el testigo para seguir con una labor continuativa más que digna y, finalmente, llega Diggle para coger el timón sin perder el tono que la serie estaba sosteniendo hasta el momento. Un tono de serie negra que le viene como anillo al dedo.

Pero no todos manejan ese tono con la misma soltura.

Y lo digo sobre todo porque Daredevil no ha sido siempre serie negra y lleva demasiado tiempo siendo un personaje trágico y al borde del abismo. Cuando eso ocurre, cuando el tono puede más que el personaje en sí, la colección se torna algo repetitiva y quizá agobiante para un lector hastiado de leer siempre la misma situación tensa y aparentemente insalvable. Esto ya pasaba con la etapa de Brubaker, donde estaba además el plus de que Matt Murdock no lograba ser el personaje frío, inteligente y calculador que era en la etapa de Bendis, tan sólo era un pelele en manos de los secundarios (sean villanos o gente con intenciones más benévolas), que eran los que realmente llevaban la función. Por eso mismo, dicha etapa me supuso una pequeña decepción que hizo que esperara con muchas ganas la actual etapa de Diggle. Sin embargo, este primer tomo que reúne los siete primeros números de su nueva andadura no ha logrado ser sorprendente, ni tan siquiera aportar algo más que ya hicieran los autores anteriores.

No dudo de la destreza del guionista para estos menesteres, pero en esta colección, aunque lo hace correctamente y respetando con soltura la labor del escritor que le precede, no está siendo nada diferente ni especial. La idea de un Daredevil en manos de la Mano es atractiva e interesante, sobre todo porque resulta impredecible adivinar si Matt podría acabar en manos de ellos y no al revés, que es lo que pretende el maestro Izo. El problema de todo este asunto es el tratamiento y desarrollo de la saga, cómo se está llevando a cabo la premisa, y aunque Diggle no lo hace mal, como ya se comentó en párrafos anteriores, tampoco destaca. Es un poco lo mismo de siempre: Personaje al límite, figura trágica, pose trascendente, tono oscuro y ambiguo... Nada nuevo bajo el sol, nada nuevo en la colección y, para colmo, se escribe una Mano que pierde prácticamente todo el carisma, al ser presentada como una banda de mafias mundial con secundarios de poca monta. Muy poco misticismo y muy absurdas algunas situaciones, especialmente la que tiene que ver con el rito de iniciación. Hay momentos que se sostienen con alfileres, porque si la Mano fuera realmente efectiva, Matt ya no estaría ahí de ese modo.

En definitiva, la trama consigue mantener el interés, pero no sorprende, ni impacta, ni tiene nada en particular que lleve a pensar que está bien meditada y urdida. Un cómic con una premisa tan atractiva que se vuelve algo anodino y poco memorable fracasa más que uno con menos pretensiones. Y, para colmo, con dos dibujantes en lugar de uno. Prescindible.

2 comentarios:

fer1980 dijo...

Realmente creo que Daredevil necesita un autentico golpe de timon, porque son demasiado años ya contabdo lo mismo, visto este tomo, y aunque prefiero esperar, la cosa no termina de convencerme ni creo que Diggle sea el autor que vaya a dar ese golpe necesario, pero bueno habrá que esperar un poco.

Ovidio dijo...

Yo es que he tenido la desagradable impresión, con este tomo, de que Diggle está realizando un trabajo de encargo, que esto no es algo que realmente le apetezca escribir de verdad, como sí pasaba con Bendis.

Ese es el mayor problema que le veo a DD, que parece que los escritores se ven obligados a seguir una serie de pautas con las que no están del todo a gusto.