martes, 16 de noviembre de 2010

Iron Man – La 2ª guerra de las armaduras

Extraño tomo el que nos ocupa. Escoger una historia de Iron Man no es fácil, su colección a lo largo de tantísimos años se podría tildar de irregular, siendo suaves. Pocas cosas se podrían escoger para satisfacer a todo el mundo, pero lo cierto es que al final la elección parecía más sencilla de lo que parecía. ¿Por qué no aprovechar el bombo con el que cuentan autores como John Byrne y John Romita Jr. para publicar una historia pedía a gritos su reedición tras tantos años sin salir por estos lares? Así es como se decidió publicar, en este coleccionable, tan reclamada saga.

Es la gran aventura de Iron Man, es decir, el pobre no tiene ni un respiro en los nueve números que componen este tomo. Por lo que podría decirse que la primera impresión que se tiene al acabar de leerlo es de perplejidad, una impresión más que justificada si se tiene en cuenta por todo lo que pasa el pobre protagonista sin pausa ni tiempo muerto, un enemigo tras otro, cada uno más mortal que el anterior, todos yendo a por todas y tratando de matar (pero de verdad) al hombre de la armadura, sin cejar en el empeño.

Este ritmo tan frenético es lo que más engancha de este tomo, es imposible resistirse ante tan intensa aventura, para poseer tantos números lo cierto es que mantiene interesado de principio a fin, con unos villanos muy convincentes (hasta Geoff Johns debería envidiar a Byrne por esto) y un superhéroe (con un gran secundario como Jim Rhodes haciendo lo imposible por salvarlo) que hace todo lo que está en su mano por adelantarse a la situación y, sobre todo, sobrevivir. Es pura aventura, de la mejor que puede ofrecer el género. La única pega que se puede encontrar reside en la magnífica pero inconclusa preparación del Mandarín para obtener el poder y el status que consigue al final del tomo. El no poder presenciar el enfrentamiento entre ambos hace que nos sintamos con ganas de más y nos deja con la desagradable sensación de que esto no ha terminado y, por desgracia, no veremos la conclusión.

Claro que nada de todo esto sería igual con John Romita Jr. en su mejor época, cuando su estilo había cogido forma y todavía no se había deteriorado, con una implacable e impactante fuerza visual que azota a la vista hasta en los planos más cotidianos. Convicción y solidez, esas son las mayores bazas de este artistazo, que realiza aquí uno de sus mejores trabajos, con unas splash pages impresionantes y un retrato inmejorable de los villanos. Es más, todos los dibujantes que pretendan realizar una buena versión del Mandarín deberían fijarse en la terrible sombra que deambula con tanta elegancia y convicción. Y todo esto sin mencionar las increíbles páginas de Fing Fang Foom, realmente muchos echamos de menos este Romita tan inspirado y majestuoso en su estilo.

En definitiva, una saga memorable cuya única pega es encontrarse inconclusa en una de sus subtramas. Es lo único que le ha faltado para alcanzar el sobresaliente.