sábado, 27 de agosto de 2011

La traición de Roma

Siempre que leo o veo alguna versión de un hecho histórico espero, más que fidelidad, cierta mirada lejana de los acontecimientos que se narran. Es decir, las adaptaciones que más me gustan son, sin duda, aquellas que ofrecen una visión ambigua y compleja de los hechos, con unos personajes que jamás deben resultar simples o típicos. Por eso, no terminé de disfrutar del todo el primero de los tres libros que conforman la llamada trilogía de Escipión de Santiago Posteguillo, ya que en él se recalcaba en exceso la villanía de gran parte de los cónsules de Roma (especialmente Fabio Máximo) que estaban en contra del protagonista de la historia. El segundo, Las legiones malditas, fue una notable mejora gracias a la forma en que está retratado el personaje de Aníbal, probablemente el mejor escrito de todos los que aparecen en estos libros. Gracias a que jamás lo vemos como un malvado tirano, cuesta mucho elegir un bando en la famosa batalla de Zama, ya que sus intereses, como los de Escipión, son comprensibles y loables, y los métodos de ambos tampoco es que sean los mejores. Ahora, en este tercer libro, volvemos a ver a ambos rivales (que nunca enemigos) luchando por sobrevivir y hacerse un hueco en un mundo tan cambiante como el que pudo verse en los 200 años a.C., más separados que nunca y con numerosos paralelismos, ya que los dos verían cómo sus intentos por salvaguardar sus territorios y su gente tendrían su conclusión en dolorosas traiciones.

El epicentro de La Traición de Roma es en verdad la guerra de Roma contra Siria, ya que el rey sirio Antioco III pudo haber cambiado el rumbo de la Historia si realmente hubiese triunfado en la batalla de Magnesia. Después, vemos cómo Roma le da la espalda a Publio Cornelio Escipión, pese a sus victorias y, paralelamente, asistimos al desenlace de las aventuras del muy cansado Aníbal, cuyo gran talento para la guerra chocó contra un muro de incontables traidores. Todo esto resulta francamente interesante, especialmente porque Posteguillo realiza un trabajo titánico a la hora de intentar reescribir las famosas memorias de Escipión, cuya existencia está comprobada gracias a escritos de su lugarteniente Lelio o el historiador Polibio, pese a que lamentablemente se perdieron en algún momento de la Historia. Todo esto, hace que la lectura sea obligada para cualquier lector ávido de conocimientos sobre los sucesos que hicieron de Roma el imperio que fue antaño. Pero por desgracia, la sensación que queda tras leer las tres novelas es de decepción. No porque estén mal escritas, ni mucho menos, sino porque lo que aquí vemos es una visión demasiado partidista de los sucesos explicados. Es decir, sin duda Escipión se sentiría muy orgulloso al ver cómo en esta época han decidido recuperar todo su trabajo de esta manera, pero un lector algo más cínico podría pensar que es una mirada un tanto ingenua de un relato de conspiraciones que daba para mucho más.

Esto es porque en este tercer libro, se notan aún más los defectos de Posteguillo como escritor de personajes, ya que en esta ocasión tenemos más conflictos internos que batallas, siendo esto último lo que mejor se le da. Solo vemos tres perfiles claros en todos los participantes del relato: un personaje muy noble y leal (básicamente todas las mujeres responden a este perfil), un traidor desagradable y mezquino (la corte de Antioco III y los partidarios de Catón, además de este último) o un genio valiente e intachable (Escipión y Aníbal). No hay más matices, y eso resulta descorazonador a la hora de leer un relato de estas características. Cualquier acción de Publio Cornelio Escipión es justificable y su genialidad está fuera de toda duda gracias a los numerosos adjetivos superlativos que le dedica el narrador constantemente. Mientras que, sin embargo, aunque como lector se puedan comprender las acciones de Catón, éste siempre será bastante más cruel, desagradable (esos puerros apestosos) o inflexible para quien narra todo esto. No importa que ambos personajes estuvieran moralmente a la misma altura, no importa que sus acciones respondieran por sus propios ideales, el filólogo que relata la historia solo tiene palabras amables para uno y ni siquiera se molesta en dotar de realismo y ambigüedad al relato, sino que cae en un maniqueísmo que, en ocasiones, resulta incluso vergonzoso. Esa incapacidad por hacernos creíbles a los personajes, de hacerlos complejos y cercanos, desemboca en que muchos diálogos se convierten en monólogos que pretenden explicarlo todo. Por eso, los mejores capítulos los encontramos en las discusiones del Senado, donde toda esta magnificencia verbal tiene mucho más sentido.

Así pues, estamos ante un libro que si bien es interesante, es también fallido en algunos planteamientos. Santiago Posteguillo es, sin duda, un excelente investigador que ha realizado aquí un gran trabajo de recopilación que destaca muy especialmente por la forma en que son narradas las extraordinarias batallas. Pero falla a la hora de insuflar vida a sus personajes, de dotarlos de personalidad y realismo. Falla a la hora de dar una versión más objetiva de lo que ocurrió, y eso se nota especialmente si se compara al Catón que aquí vemos con el descendiente que pudimos ver, por ejemplo, en la serie de Roma de HBO. Ambos perseguían lo mismo, ambos usaron estratagemas similares, pero uno es aquí un villano de baja estofa y el otro un hombre que lo intentó todo por sus ideas. ¿Qué falla? El enfoque. Lo cual es una verdadera lástima, porque de no ser así, sería una lectura absolutamente imprescindible.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

he leido la trilogia y para nada estoy de acuerdo contigo,me parece facil de leer y una version novelada de los hechos que creo que puede reflejar bastante acertadamente el caracter y las ambiciones de los hombres,de los de esa epoca y de la actual.Que escipion era un santo y Caton un demonio,bueno creo que Escipion tendria defectos como todos,pero su unica ambicion era la defensa de Roma y su grandeza,nunca quiso ser un tirano o rey o emperador,y acaso no pudo serlo de haberlo querido,acaso no lo hizo Cesar un siglo despues?,lo pudo hacer,pero no lo hizo.frente a él esta Caton,y representa la envidia,el odio,la terjiversacion de la realidad,la manipulacio constante y su unico fin en la vida es acabar con Escipion.Acaso te sorprende,no conoces a nadie que se mueva hoy en dia por los mismos motivos?seguro que si.La historisa pone a cada uno en su lugar,Escipion un gran general,quiza el mejor,y Caton.......quien se acuerda de Caton?nadie.

Ovidio dijo...

Puede que tú lo veas así, la historia la escriben los vencedores y nos gusta creer que aquellos de quienes más se hablan tienen más mérito que el resto. Yo no creo que seamos quiénes para juzgar quién estuvo moralmente superior a nadie, pero a mí me parece un recurso argumental muy pobre y burdo el tratar a un personaje histórico como si fuese un villano de opereta. El tema de los puerros y las frases tipo "acabaré contigo y tu familia, Escipión, aunque sea lo último que haga" para mí sobran. Puede ser mezquino, puede ser manipulador, puede ser muchas cosas negativas, pero siempre se puede escribir de una manera menos obvia y mejor.

Y eso es lo malo de esta tercera entrega, que la subjetividad y el posicionamiento absolutamente a favor hacia los Escipiones hace que pierda una interesante ambigüedad que sin duda habría hecho la lectura mucho más interesante. Si tú crees, Anónimo, que así está bien, estás en tu derecho, pero evidentemente no estamos de acuerdo, yo pido más.