jueves, 8 de septiembre de 2011

La muerte del Capitán América

Existen obras que son valoradas de una manera en el momento en que son publicadas y que luego, pasado un tiempo, se ven bajo otra perspectiva muy distinta por diversos motivos. Es el caso del arco de “La muerte del Capitán América” de Ed Brubaker, comprendido entre los números 25 a 30 del volumen 5 de la serie regular en su edición USA, que vienen recopilados en quinto tomo de Marvel Deluxe dedicado a esta etapa. En ellos vemos cómo el plan conjunto de Cráneo Rojo, Fausto y Arnim Zola da sus frutos tras tantos meses de conspiraciones y reclutamiento, realizando varias pesquisas para colocar todas las piezas en el sitio adecuado. Claro que, nada de esto podría haber sido tan sencillo sin la famosa guerra civil propiciada por el acta de registro de superhumanos, ya que el destino quiso ver a Steve Rogers esposado de camino al juzgado, sin apenas defensa ni escapatoria. Narrar este momento que sirve de inicio para este tomo, en otra situación, podría considerarse un spoiler, pero sin embargo se trata de una escena que no solo ha tenido una gran repercusión dentro del universo ficticio de Marvel durante largo tiempo, sino que también ha traspasado las viñetas para aparecer en casi todos los medios de comunicación de la actualidad: internet, televisión, periódicos... la imagen del gran Capitán América, muerto en las escalinatas, ha pasado a la Historia. 

Y aunque el tiempo le ha concedido menos trascendencia por culpa de la posterior resurrección, no deja de poseer cierta intensidad. Sobre todo porque Steve Rogers es un símbolo, algunos lo consideran la representación de los mejores ideales que posee una nación como América, otros se atreven a tildarlo de facha. Estos últimos son aquellos quienes no conocen al personaje, puesto que estamos ante un superhéroe que, por mucho que enarbole una bandera solo llevando su propio uniforme, lo hace no por seguir los mandatos de un país, sino por defender unos ideales que, inherentemente, muchos compartimos. Incluso aunque no vivamos en los Estados Unidos. Por eso, es todo un ideal, un icono cuya muerte significó algo más que el fallecimiento de un personaje ficticio, ya que metafóricamente sirvió para representar algo más: la muerte de un sueño en un país que lo había olvidado. Por ello, lo más enigmático no fue solo quién dio realmente el último tiro al Capitán, sino también qué iba a ser de la serie en cuanto desapareciera su protagonista. Muchos se mantuvieron escépticos con la escena de Rogers en la morgue, con los ojos abiertos sin vida. Pero la verdadera prueba de tan aparentemente irreparable situación la encontramos en el número 26 del volumen 5 de la edición USA, donde un fugaz vistazo al cadáver del personaje no presentaba demasiadas dudas: el Capitán había muerto, y de verdad, al menos durante una larga temporada en un universo de ficción donde todo es posible y puede aparecer cualquier deux ex machina en cualquier momento. Así que, la pregunta era: ¿qué iba a ser de la serie sin su protagonista? 

Lo que nos lleva a una demostración más de la inteligencia y el buen hacer de un escritor tan competente como Ed Brubaker, que no contento con realizar unos de los actos más impredecibles que puede presentar una etapa en una colección consagrada con más de cuarenta años a sus espaldas, decide dar rienda suelta a todos aquellos secundarios que ha ido insertando poco a poco en números anteriores, como si éstos hubieran sido introducidos solo para este momento. Sharon Carter, el Halcón, Bucky, Nick Furia e incluso el omnipresente Tony Stark, en esos momentos director de SHIELD, cogen las riendas de una colección cuyo mayor interés radica en vengar la muerte de su protagonista. Fuera como fuera y contra quien fuera. Culpables podían haber tanto directos como indirectos, y cada cual con su propia versión de la historia. ¿Quién obtendría beneficios con la situación y quién se dispondría a cambiar las tornas? ¿Cómo pueden unos villanos cometer un acto como este y quedar sin castigo? Y sobre todo, ¿cómo afrontará América una gran amenaza en la sombra sin su justiciero más capaz? ¿Necesitaba el mundo otro Capitán América? Como puede verse, no se trataba solo de la muerte de un hombre, sino del compromiso de un pueblo por mantener un ideal inquebrantable. 

Por todo esto y más se trata de una saga importante e interesante que no pierde fuerza pese al retroceso de los sucesos acontecidos aquí, que realiza un homenaje hacia el personaje de la cabecera explicando sus orígenes y la relación que sostenía con sus seres queridos. La máxima de “nadie muere si es recordado” se “respira” en todas las viñetas de este tomo. Hay veces que no se conoce la importancia de algo hasta que desaparece, y es el caso de este icono, que es capaz de mover a tantos héroes por estas páginas aún sin hacer acto de presencia salvo en flashbacks

Aunque eso sí, cabría mencionar que se trata de un tomo inconcluso, ya que la saga de “La muerte del Capitán América” fue tan grande e importante para Brubaker que incluso se vio obligado a dividirla en dos arcos. Pese a todo, aquello que debe desarrollarse para presentar el clímax final es dispuesto aquí de manera que no queda nada forzado. Es más, el guionista consigue que este momento suponga un punto de partida excelente para cualquier lector que quiera introducirse en la colección, aunque es evidente que siempre será mucho mejor haber leído todo lo anterior para comprender, al menos, el status quo de personajes tan importantes como Lukin/Cráneo Rojo o la pobre Sharon Carter. Por lo tanto, aunque inconcluso, merece la pena subirse al barco, si no es aquí, que sea desde el primer tomo de esta serie de recopilaciones. 

En el apartado gráfico, tenemos a Steve Epting y Mike Perkins como dibujantes. El primero es el regular de la serie, mientras que el segundo es el sustituto. En un principio, que dos artistas tan dispares compartan páginas en una historia compuesta por varios capítulos que transcurre de forma coral debería suponer un problema por la falta de solidez de estilo que podría notarse en la serie. Por suerte, el color y el entintado logran que ambos se compenetren a la perfección, y además se toman la molestia de realizar unas composiciones de página muy similares, con mucho conocimiento de la anatomía, buenos fondos, excelentes sombreados y mejores encuadres. Ambos, al final no desentonan entre sí y no molesta en absoluto que realicen los números a dúo. Al contrario, al parecer esto propició que mantuvieran un nivel de detalle excelente en donde apenas puede reprocharse nada. Lo cual dice mucho de la calidad de la colección. 

En resumen, esto es lo que conoce como un clásico moderno, que posee la inusual premisa de narrar una historia del Capitán América... sin el mismísimo Capitán América. Quienes hayan visto la adaptación fílmica, aquí tienen algo diferente pero que, irónicamente, les hará comprender mejor la figura de tan emblemático héroe.